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15 dic 2008

Amanecer


Quiso encerrar al sol en una caja, maravillada por la luz que iluminaba el cielo, pero a medida que se acercaba el astro se alejaba. Quería tener en ella también las delicadas siluetas que lo acompañaban, guardar las nubes y el brillo de las aguas.

Pensó que si lo guardaba todas sus mañanas serían como esa, llenas de alegría y de belleza. Se imaginó que al guardar todo el entorno en las noches iba a dormir acompañada por el sonido del mar y que si se sentía sola podría ver las olas reventar.

Creía que al guardar el mar no iba a necesitar espejo y todas las mañanas se peinaría en su reflejo. Imaginó que sus hijos tendrían siempre ese sol y ese mar para crecer libres y contentos

Cuando despertó del ensueño, el entorno ya no estaba arrebolado, el mar mojaba la arena y una suave brisa traía aromas salinos, sonidos vivos. Las siluetas delicadas se habían convertido en un puerto y en la playa estaba llena de voces y de contento.

Se echó a reír de su propio ingenio y de como la vida se ve tan simple cuando el sol se conjuga con el cielo, cuando el mar y las nubes se confabulan y nos dejamos llevar por los sueños.

Entonces, bajó a la playa, caminó descalza en la arena, saludó con varios, habló con otros, se bañó en el mar.
Ese día recordó el sabor de la felicidad...

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