
Él la dejaba mensajes en su contestador cada noche. Él la acariciaba el cuello, como nunca nadie lo había hecho. Él apreciaba su perfil y sus cejas imperfectas. Él la llegó a tomar de la mano queriendo no soltarse. Él la quiso en cada gesto, en cada palabra e incluso en cada sílaba que pronunciaba. Él también le enviaba mensajes antes de que ella, cada mañana, abriera los ojos. Él la escribía y empleaba parte de su tiempo en ella. La deseaba. Y quería hacerse dueño, único dueño de sus labios. Dulces, tiernos, suaves, claros... Él sabía que al mirarla podía descomponer todo su mundo. Sabía que una palabra le bastaba para volver a enamorarla. La quería mucho, él estaba pendiente de ella, se preocupaba. Al menso pensaba alguna vez en su bienestar, y en aliviar algunos de sus malos momento. La llegó a amar, creando un iceberg para ella. Pero no un iceberg frío, no un iceberg de hielo; todo lo contrario, creó un iceberg cálido y lleno de amor. Él la descubrió y no quiso soltarla, él le dijo que sólo ella tenía su felicidad. Y todo era casi perfecto. Todo era precioso.
By Ro.
3 comentarios:
a mi me suena eso al principio de una relación luego se va enfriando la cosa...al menos yo pienso eso...
besitoss
a mi tambien me ha dado esa sensacion
besos
casi perfecto!!!
genial cuando se siente eso!
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