Es el periodo en que el planeta descansa y comienza una renovación.
La creencia es que todo lo malo se va al universo y ocurre un reciclaje
de energías y luego empieza un despertar de la Tierra.
Para los
pueblos originarios esta fecha no es un año nuevo como lo han llamado
los occidentales, sino un cambio de ciclo. Por ello, aún lo celebran con
ceremonias tradicionales, danza, música, realizan ofrendas de
agradecimiento y rogativos por mejores tiempos. El ruego no sólo se
eleva por motivos agrícolas, sino también para pedir protección
familiar, buena salud e incluso prosperidad en los negocios.
De madrugada, a la llegada del lucero, la gente se bañaba en los ríos,
lagos o esteros más cercanos como símbolo de limpieza de su espíritu y
su cuerpo, pues se dice que ese día las aguas están purificadas.
El 21 de diciembre es la noche más larga del año, En estos solsticios, especialmente entre las doce y unos minutos,
dependiendo del año, se reciben bendiciones especiales y es por ello
que debemos estar atentos para invocarlas y recibirlas; una de estas
bendiciones va dirigida directamente a los hombres de buena voluntad y
ha sido denominado como el Espíritu de la Navidad, Nativitas o
Natividad; el viejo pascual, como lo conocían anteriormente, tiene la
misión de traer, cada fin de año la abundancia, paz, amor, unión,
fraternidad, armonía, opulencia, prosperidad y bienestar espiritual a
toda la humanidad.

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